5 de octubre de 2008

TRAUMA...TÓLOGO

Es extraño.

Me siento como la protagonista de una película de serie B de esas que ponen después de comer en Telecinco cualquier fin de semana.
Yo soy una joven alegre y pizpireta en busca de su caballero andante. Soy buena con todo el mundo y tengo el pelo extremadamente rubio. Aunque estoy rebuena, no me lo tengo nada creído. Soy, en esencia, lo que se dice una mujer perfecta.

Una noche, salgo a tomar una cerveza con mis amigas a un bar cualquiera. Y entonces ocurre.

Es él.
Es el príncipe azul de pelo rubio como el oro. El príncipe del caballo blanco, que en este caso ha dejado en el establo y sustituyéndolo por un más conveniente ferrari rojo. Parece tierno y encantador.

Yo le miro entre los mechones de mi rubio pelo mientras juega al billar y sonríe. Al principio no se da cuenta, pero en un momento determinado nuestras miradas se cruzan y me mira fijamente. A los pocos minutos se acerca con una sonrisa.
Hablamos.
Jugamos una partida de billar.
Seguimos hablando.
Él se preocupa por mí, por mi vida. Todo lo que le cuento le resulta interesante. Divertido cuando toca, triste cuando corresponde. Parece que le pagaran por escucharme y yo casi no puedo creer mi buena suerte.

Otra cerveza.
Estoy embriagada (de alcohol y lo que no es alcohol)

Salimos del bar a las tantas de la madrugada y, como cosa natural, nos vamos a mi casa, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo, sin forzar.
Es estupendo y yo me las prometo felices.

Al día siguiente apunta mi número de teléfono y sale corriendo, porque tiene que trabajar. Dice que me llamará y se despide con una de sus grandes y confiables sonrisas.

Pasa la tarde.
Pasa la noche.
Pasa un día.
Pasan dos.
Y tres.
Pasa una semana.
El príncipe no llama.

Cada vez que el teléfono suena pienso que puede ser él, que por fin me va a llamar, pero no lo hace.
Y espero y espero.
Una espera que no tiene fin, que me hace sentirme engañada, defraudada y con miedo. Sufro.

Pues eso es lo que me hace sentir mi puñetero traumatólogo, que me tiene esperando desde hace más de una semana para decirme exactamente cuándo va a proceder a amputarme la pierna derecha.

Dior, qué mala es la espera, vivir en la ignorancia.

Mi traumatólogo me odia.

2 de octubre de 2008

SABADO

No tenía pensado escribir, fue todo por casualidad. Una de tantas.
Repasando la guía del ocio para poder decidirme por una obra de teatro, me encontré de repente con una obra que he visto anunciada en la televisión. Se llama "en la cama".
Por casualidad, por supuesto, me he puesto a repasar la sinopsis, aun a pesar de que la historia queda más o menos clara en el anuncio. Igualmente, empecé a leerla.
Entonces, me encontré otra vez, la tercera vez, con su nombre: Matías Bize. Y es que, esta obra de teatro se basa en una película de este director chileno de aspecto aniñado, que apenas cuenta con 30 años, pero que ya antes de llegar a los 25 era todo un personaje.
Es la tercera vez que me encuentro con su nombre. La vez anterior apareció en las noticias, como ganador de la espiga de oro en el SEMICI (aunque ahora sé, wikipedia dixit, que tiene muchos más premios)
Y hubo una primera vez, en el festivalito de La Palma, donde pude verle a él (su aspecto frágil y tímido) y ver su película "sábado". Creo que por aquél entonces no tenía tantos premios en su haber, estaba empezando
Sábado me impresionó. Me impresionó que alguien tan joven tuviera una mente tan ordenada, una sensibilidad tan desarrollada. Sábado es una película chispeante y nueva, original y tierna, que transcurre en un solo plano secuencia (sin cortes de ningún tipo, 60 minutos grabados de una vez). Es la historia de una chica que, en el mismo día de su bda, vestida ya de blanco, se entera de que se futuro marido ha dejado embarazada a otra. Es la historia de unas idas y venidas de esa mujer desesperada y perdida que no dejan de sorprendernos y hacernos soltar más de una sonrisa.
Recuerdo que a O. y a mí nos encantó esa película.

4 de septiembre de 2008

El sueño americano

Bueno, pues sí, me da pereza escribir en el blog.
Una pereza mortal como la que me da, en general, todo desde que volví de vacaciones.
Ahora me animo porque mañana me marcho otra vez, solamente una semanita, eso sí, a mi Gran Canaria querida (con paso intermedio por Tenerife por bodorrio).

De mi viaje por Estados Unidos (era la primera vez que pisaba yo aquellas tierras del Norte del continente) me ha llamado sobretodo la atención una cosa. Además de lo maravillosos que eran los Parques que visité, además de lo poco que me gustó Las Vegas (lo siento Doc, ya se que en esto no estamos de acuerdo, pero es que a mi me espanta), además de lo harta que acabé de la comida, y de lo organizaditos que me parecieron los yankees, me tiene impactada otra cosa.

Vemos tantas películas norteamericanas, y a veces son tan maniqueas y exageradas, que muchas veces no se para uno a pensar en lo que hay de cierto o no en los estereotipos que muestran. Esa imagen de las dos américas, del país de las grandes oportunidades y de las grandes frustraciones es, según creo yo,enteramente cierta.

En todos los sitios, también en España, hay desigualdad de oportunidades, hay ricos y hay pobres. Pero allí esto me pareció más sangrante y claro, más triste. Quizá sea la soledad que emanan esos pueblos perdidos de la mano de Dios que hay, en muchos casos, cada 100 km. Quizá sea que yo soy una urbanita y pensar en vivir en un pueblo como aquellos me produce reacciones alérgicas en cadena. Quizá sea que según te alejas de la ciudad el peso medio de los ciudadanos se incrementa proporcionalmente a la soledad de los pueblos en los que viven.
No sé.

Pero lo cierto es que sentí esa diferencia entre el universitario que se va de su pequeño pueblo, que viste diferente, que parece no pertenecer al lugar del que salió; y el que se quedó en su pueblo perdido, trabajando en una gasolinera o en un restaurante de carretera, ganando kilos a la vez que edad.

En España, ir a la Universidad no es garantía de nada más que de algunos años más de vidorra, de cañas, de San Canuto y de partidas de mus. Terminas de estudiar y quizá tus padres te miren con cierto orgullo, pero nada más. Tengo la sensación de que allí es diferente. De que, a pesar de su dinero, sus avances y su dominio en el exterior, siguen siendo un poco pueblerinos y mantienen ese respeto arcaico que antaño se tenía en España por los médicos, los abogados, los ingenieros...por toda aquella gente que tuvo la, entonces, extraña suerte de poder estudiar.

Y después de este rollo patatero, pongo unas fotos de los Parques, que me han dejado ANONADADA.

La primera es una vista del Half Dome en el Parque Nacional de Yosemite, y la segunda el Cathedral Lake (a más de 2700 metros de altitud) en el mismo parque. Unos paisajes de quitarte la respiración en un área de protección más grande que muchas de nuestras provincias.


29 de julio de 2008

SURFIN’ YU ES EI…

SURFIN’ YU ES EI…


Queriditos de mis entretelas, abandono el barco.

Por fin.

Ha llegado.

Es la hora.

ME VOY DE VACACIONESSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!


Este año, el destino elegido es la casa del Tío Sam y, en concreto, los Parques Nacionales de la Costa Oeste de los USA. Bueno, los Parques Nacionales…que podamos, porque en 23 días hay tiempo para hacer cosas, pero cuando empezamos a contabilizar las distancias en el continente americano, la cosa se vuelve loca loca.


En principio, nuestra ruta es esta:




Ver mapa más grande

Prioridades:

Además de visitar San Francisco, sus tranvías, sus calles empinadas, Chinatown…

Circular por la ruta 66.

Dormir en un motel cutrón de carretera.

No morir achicharrada en Death Valley

Que me sirva un café aguachirri una camarera con cofia.

Subir el Half Dome y contemplar las vistas (no hay tiempo para grandes expediciones)

Ver la salida del sol en el Gran Cañón

No ser víctima de la fiebre ludópata de Las Vegas

Ser casada por un hombre vestido de escocés con sonido de gaitas y vestida a la manera de Priscila Presley en los 60 (cardado y botas blancas de plataforma incluidas)


22 de julio de 2008

EXTRAÑOS EN UN TREN

Tengo calor a pesar del aire acondicionado del vagón. Hay bastante gente,así que me siento junto a un hombre mayor un tanto grueso.

Lleva un sombrero de paja y un bastón de madera y me pregunta cuántas estaciones faltan para llegar a Atocha. Le digo que dos. Asiente. Me cuenta su periplo por la red de cercanías de la Comunidad de Madrid, y de paso me cuenta que tiene negocios por la zona de Carabanchel. Me dice que es malo acumular cosas, porque luego te atan, porque luego, como en su caso, con ochenta años te siguen llamando para solucionar cosas.

Sonrío, y pienso lo absurdo que me parece ser mayor, tener dinero y pasarse dos horas en tren pudiendo hacer el mismo trayecto en media hora de taxi. Es caro, pero a esas alturas del partido ¿qué más da ya? Me da la impresión de que, más allá de la diferencia de edad, estamos condenados a no tentendernos. Diferencia de prioridades, pienso yo.

Me dice que ya no disfruta las cosas, que todo le sabe amargo. Que la vida no ha sido buena para él.
Pienso que está solo y que no tiene a nadie con quien hablar. Le imagino una vida solitaria acumulando cosas, dejando todo lo demás a un lado. Quedándoses solo.

Salgo del vagón con mi maleta de fin de semana, con los recuerdos de esos dos días en el mar, con las risas que compartimos, con las que me esperan dentro de unos días, con los planes, los viajes...Vuelvo a casa con la sensación de que no me estoy equivocando. De que, más allá de los problemas o de los pequeños errores, voy en la dirección correcta.
Eso sí, no voy a ser la mujer más rica del cementerio.

18 de junio de 2008

DIOS SALVE A LA REINA (1ª parte, que me he aficionado a la división..)

Solamente son dos horas de vuelo y, aunque salíamos con cierto retraso por restricciones en el espacio aéreo británico (Bush, I HATE you), no me planteaba un viaje pesado.
Primera en la frente.


A mi lado se sienta una especie de "Marcos" (veanse los posts inmediatamente anteriores sobre Laura) con un enorme libro en inglés sobre nuevas aplicaciones de dispositivos móviles o algo por el estilo. Sé que es Marcos porque tiene cara de cansado, algo sudoroso y con unos kilos de más, subrayando su libro con una regla para que las líneas sean perfectas.


Utilizar una regla cuando se está sentado en un asiento central de avión de iberia clase turista, es un desprecio total por el confort ajeno, por la integridad de sus costados frente al acoso del codo subrayador.


Pero "mi Marcos" no tenía consideración alguna por la chica con pinta de estirada y papeles coñazos sobre temas legales sentada a su lado, no, Marcos a lo suyo.




Me deshago por fin de Marcos y llego a un Londres cálido y soleado del que solamente voy a disfrutar un día y medio. Menos mal que, nada más salir del aeropuerto comienza, en todo su esplendor, la experiencia londinense. Subir en un taxi en Londres es una experiencia inolvidable. Primero, por el golpe que recibe tu presupuesto. Segundo, por el propio taxi en sí. Londres tiene una ordenanza que data del s. XVII (creo, en esta fecha no soy nada fiable) que dispone la altura interior que deben tener sus carruajes, y que no es otra que la correspondiente a la altura media de un hombre sentado con su sombrero puesto. He ahí la causa de esa forma tan mona que tienen los taxis en Londres y que hace que las personas con sombrero vayan tan agustito y los que no lo llevamos también, porque el espacio interior para estirar las piernas es enorme dado que no hay maletero. Las maletas se las pone el señor conductor a su ladito.


Al módico precio de 55 pounds (unos 70 euritos) nos lleva hasta nuestro hotel junto a Hyde Park y Notting Hill. No puedo evitar sufrir esa conducción contrariada de los ingleses que hace que cruzar una calle sin ser atropellado sea un milagro.
No deja de sorprenderme lo pintoresca que resulta esta ciudad, con sus enormes parques y sus casas estrechas, con sus cabinas rojas y sus policías con casco elevado (debe ser para dar la talla en el interior del taxi). Y me pregunto por qué nos empeñanos siempre en lo mismo, siempre París, cuando hay otras ciudades europeas que a mi modo de ver pueden ser tan o más interesantes y bonitas que la ciudad de la luz eléctrica.




A la mañana siguiente tenemos una aburrida reunión a la que asistir en las inmediaciones de la Abadía de Westminster. Hace un tiempo primaveral y el cielo está despejado, pero yo solamente puedo verlo a través de las ventanas del gran centro de conferencias en el que nos tienen recluidos y al que hemos llegado tarde por culpa de nuestro transporte, el metro.
El metro en Londres es lento (se podría decir que lentísimo, en esto París es la gran triunfadora) y, como no podía ser de otra manera, caro. Cada viaje de metro cuesta 4 libras (algo más de 5 euros), por lo que sale mucho más barato un "bono de día", que vale para autobús y metro y que te suministran por el módico precio de 6,80 libras (8,5 euros).
Desde mi punto de vista, viajar en metro en las ciudades europeas te da la medida de las cosas, sobretodo cuando viajas en las horas punta. En Londres los coches que circulan por el centro son, por lo general, cochazos. Los cochazos que se pueden permitir el lujo de hacerlo, en definitiva, pero en el metro se ve un poco a todos los demás mortales. Resulta extraño comparar a los guiris sonrosados y mal vestidos de nuestras playas con todas esas personas serias, trajeadas y, por lo general, con un aspecto que no cumple los parámetros de mi idea del "look inglés". Supongo que la liberación vacacional tendrá algo que ver con el cambio. O puede que la causa sea que no tienen costumbre de vestir para ir a la playa, para pasar calor, y por eso lo hacen tan mal. O puede ser que el viaje se me hiciera tan largo que me pusiera a pensar en idioteces.
Al respecto de la reunión poco os puedo comentar...o bueno sí, que terminó a las 17:30, que no nos dieron el té de las cinco, que a mi lado estaba sentada una sudafricana con pañuelo en la cabeza y blakberry en la mano escondida bajo la mesa y que llevaba un cartelito con mi nombre como si estuviera en una reunión del tupperware (siempre me hacen lo mismo y lo ODIO)


Tras la reunión, nos habían preparado una recepción en el Palacio de Saint James, pero esa, es otra historia (mucho más interesante que la de la reunión, por cierto), y la dejo para mañana.


20 de mayo de 2008

LAURA (2ª parte)

Marcos estaba serio. Pero eso no significaba nada porque, en realidad, Marcos siempre estaba serio. Era como si la vida fuera siempre demasiado tediosa y difícil y nadie más que él fuera capaz de percibirlo.
-Hola Laura-dijo con poco entusiasmo.
-Hola Marcos, muchas gracias por venir a ayudarme. Pasa por favor.-
Caminaron hacia el salón y Marcos se sentó en el sofá, frente a la mesa de cristal que soportaba ese libro distraídamente colocado allí por Laura. Él lo miró de pasada, pero no dijo nada.
-Bueno...antes de nada, ¿quieres una cervecita fresca?-dijo Laura. –La verdad es que no he tenido tiempo de preparar nada para darte de comer, sólo tengo picoteo.- añadió mientras caminaba hacia la cocina. – Es que me he entretenido, estaba leyendo un libro genial que me tenía enganchadísima.-

Al parecer, Marcos no tenía demasiadas ganas de charla esa tarde y no contestó.

Laura apareció de nuevo por la puerta de la cocina con su eterna sonrisa, las cervezas y un bol con aceitunas rellenas de anchoa.

-Bueno, a ver, ¿dónde tienes el router?- preguntó Marcos abruptamente, tras beber un trago de su cerveza.

-Pues espera que ahora te lo traigo. Estas cosas de ordenadores, es que a mi se me dan fatal, menos mal que me echas una mano.- respondió Laura, siempre sin abandonar su sonrisa y el tono infantil de mujer desvalida en apuros.

Salió de la habitación un momento y trajo una caja sin abrir. -¿ni siquiera lo has abierto Laura? ¿ni siquiera has intentado configurarlo?- preguntó Marcos con cierta violencia.

-Bueno...pues la verdad es que no. No tenía muchas esperanzas de saber hacerlo, así que preferí no estropearlo y llamarte para que me ayudaras.-dijo Laura, aturdida por la actitud de Marcos.

Se quedó mirando hacia delante, hacia el libro que acababa de dejar sobre la mesa y no dijo nada más. Claramente la noche no prometía grandes avances y todo lo que hacía unos minutos había sido fuerza y ganas se convirtió en pesimismo y dejadez. Decidió que era hora de dejar de intentarlo tanto y miró a Marcos de soslayo. Éste se afanaba en la apertura de la cerrada caja del router y no parecía percibir nada más. Laura aprovechó para mirarlo con mayor descaro, para observarlo más allá de los desplantes y las pocas palabras, de las caras largas y de los ojos apagados que parecen esconder un secreto. Y no encontró absolutamente nada.

Marcos miraba ahora los papeles y los cables que se agolpaban en la pequeña caja, buscando claves, contraseñas y otros códigos necesarios para la instalación. Por eso, le pilló desprevenido y se quedó clavado en el sitio, como sin comprender, cuando escuchó a su lado una voz que le decía: Mira, de verdad me cargas, fuera de mi casa.-
Solamente cuando ella empezó a tirar de su brazo para que se levantara del sofá y dejara la caja, el router y los papeles, pareció comprender lo que ella le decía. –Que te pires Marcos, que no me apetece que me configures el router, vete a tu casa y sigue sufriendo allí tú solito..venga..a la calle.-
Y con su eterna sonrisa en la cara Laura cerró la puerta en las narices del sorprendido Marcos, que junto con el peso de la vida tediosa y difícil que aplastaba sus hombros, cargaba ahora con el peso del que no entiende nada.